La misión del Arte es el conocimiento de la verdad humana

Os invito a que no creáis una palabra de todo lo que no pueda demostrar.

Me siento un farsante. Sinceramente, ¡creo que toda mi vida es una gran mentira!

La falta de medios, permisos y equipo, impide que ejecute mis acciones tal y como las concibo.

Me inspira luchar con integridad y dignidad, por un Arte capaz de crear Acciones de Compromiso Social.

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Atentar contra SS. MM.


John, escoltado por Fuerzas del Orden del Estado.






Arte: Reinterpretando el peligro

Graves fallos del Servicio de Seguridad de SS. MM.

Pude entrar armado hasta los dientes. Me situé a un metro de Sus Altezas. Tengo testigos que lo demuestran.

Esta acción artística, ha sido concebida con tremendo afecto, cordialidad y la mejor de las intenciones. A pesar de ello, hay mal pensantes e involucionados que no se enteran. No comulgo con monárquicos, republicanos, izquierdas, derechas ni del rincón. No soy partidario de ese galimatías hipocritopolítico. Mi vida se resume en un simple principio: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Bajo esta premisa, mi ética me obliga a ser empático. Por eso, intuyo la presión que debe lidiar la gente amenazada. Dicho esto, lo que no comprendo en absoluto, es que haya tanta mente obtusa incapaz de ver el gravísimo riesgo que conlleva no prever, no adelantarse a los acontecimientos. Oyen hablar de fallos en seguridad y hacen oídos sordos. De la necesidad de hacer que se entienda mi mensaje, nace el punto de inflexión de esta obra.

Mi correo denuncia envíado a Casa Real, está disponible para los medios.

Relato de los hechos.
                                            
El 22 de enero de 2015, SS. MM. inauguran el Museo de la Universidad de Navarra. Me invitan al evento. Considero inquietante esta decisión. En estos tiempos que corren, es ‘delicado’ invitar a una persona que ha sido expulsada del ejército por psicopatía. Me convidan a pasar por los arcos de seguridad. Dado mi atuendo, hay alguna que otra ‘miradita’. Mi presencia no pasa desapercibida. Voy de esa guisa, por las inclemencias del tiempo. Así de simple. Acudo al evento sin ningún propósito performancero. Mi única intención, es rendir homenaje a Josefina (descanse en paz) y a sus obras de Arte.

De repente, un alto cargo uniformado me pregunta si hablo ruso. Le contesto literalmente: «Lo único falso que hay aquí, soy yo. Mi ropa es auténtica, de la marina rusa». Con una sonrisa y gran amabilidad, me presenta a sus colegas de las Fuerzas del Estado. Departimos con total jovialidad. Apenas transcurridos unos minutos de conversación, inconscientemente, aflora a raudales mi vena artística. Les espeto: «No entiendo, cómo os atrevéis a invitar a un acto así, a alguien como yo. Lo comento, porque ante sus padres, [miro a Felipe], cuando Juan Carlos y Sofía visitaron Roncal, me presenté ante SS. MM. armado con un revólver y un machete.  [Mis contertulios, prestan toda su atención] Investigo las claves del comportamiento humano en situaciones límite. (…) Con mis credenciales, me parece una temeridad…» Me tratan con amabilidad y simpatía. Incluso, uno de ellos, propone hacer una foto.

Transcurre el acto con normalidad. En un momento determinado, decido salir a la calle. Ni un guionista de cine, hubiese creado una puesta en escena tan enrevesada concerniente a mi forma de abandonar el recinto (…). Como me gusta respirar todo el espectro social, me mezclo con la gente que está tras las barreras de seguridad. Helicópteros, francotiradores, policía nacional, guardia civil, secreta... son las pinceladas de tan colorista marco. Varios estudiantes de derecho, me piden por favor que me retrate con ellos. Departimos amistosamente. Se crea ‘cierto revuelo’. Llegan a rodearme hasta en dos ocasiones. Concluyo mi ‘adoctrinamiento’. Me dirijo de nuevo al Museo, pero cambio de ruta, para pasar exprofeso por delante mismo del grueso de las Fuerzas de Seguridad. Justo en la entrada, me encuentro con dos colegas del mundo del Arte (personas con nombre y apellidos). Acaban su pitillo y entramos.

De momento, no es prudente que desvele más detalles. La único relevante, radica en que pude entrar hasta con chaleco bomba (lo demostraré ante el Juez). Me parece demencial, que un psicópata armado pudiera estar a un metro de distancia de los Reyes. Y, por favor, no seáis tarambanas aludiendo que ya tenían registrado mis datos al entrar. ¿Creéis que a las víctimas mortales de un atentado, les ayuda algo que los nombres de sus verdugos estén apuntados? ¿No es ya un poco tarde? No seamos ridículos, no les sirve de nada. Los muertos, muertos están. Además, mirando el nombre en una lista, ¿quién se atreve a decir, quién es o deja de ser un perturbado? ¿Quién garantiza, que tal o cuál persona no arme la de dios? Realmente, nadie conoce a nadie. Mi ferviente deseo, es que nunca ocurra nada malo. Dicho esto, ¿no sería más sensato anticiparse a los sucesos?
Permitidme una reflexión:
Si un Servicio de Seguridad es incapaz de reconocer sus errores, 
¿Cómo diantre van a corregirlos? 
“Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”. 

Ante la angustiosa caterva de desalmados que anda suelta, debieran estar ojo avizor a la mínima señal de alarma. Han dejado bien claro, que les importa un pimiento que pueda demostrar mi historia. Si yo fuera el Rey, estaría realmente preocupado teniendo una seguridad tan 'insegura'. Podéis llamarme: arrogante, soberbio, prepotente, paranoico o iluminado, lo que gustéis. Mi imaginación, locura y mente psicopática, es lo que les falta en la ecuación. Reto a los ilustres doctos y requetemasterizados guardianes de seguridad, que me digan si se consideran ‘normales’. Porque de ser así, ahí tienen su talón de Aquiles. Necesitan un ‘anormal’ para inyectar como virus mediador; un asesor que ponga patas arriba trasnochadas estrategias; una nueva mirada. Conste, no me ofende quienes se partan de risa al leer esto. Antes del 11S, también lo hacían. En este mundo, donde abunda tanto majadero, resulta infinitamente más sencillo mofarse de aquellos que se salen de madre. Luego, cuando ocurre la catástrofe, esa patética gente, se echa las manos a la cabeza y dice: ¡Dios mío, quién lo iba a pensar!

No acierto a comprender, cómo se despilfarra tal ingente cantidad de dinero del contribuyente. A ver si me explico con claridad. Si resulta que soy un pobre tarado que solo busca llamar la atención, entonces, ¡que me corten la cabeza! Por idiota, farsante y difamador. Pero, si lo que apunto, es simplemente la verdad, denuncio públicamente: la caótica insensatez, incoherencia y falta de profesionalidad, tanto de los responsables de seguridad, como de los medios de comunicación, por no querer hacerse eco de tan graves acusaciones. 

Acudiendo en primer lugar a Casa Real, he demostrado que no perseguía dar la nota. Al ser ignorado, me veo obligado a recurrir a los medios con la esperanza de que tomen cartas en el asunto. La sorpresa, lo que se está convirtiendo en mi obra artística, es el desplante, la indiferencia, de quienes tienen el honor de velar por la verdad. No imagináis los medios, cuánto os agradezco el regalo. Una mente psicopática, no puede tener mejor caldo de cultivo que el aislamiento social.

Desafío a enmendar errores, a nada más y nada menos, que al Servicio de Seguridad del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y me tomáis todos por el pito del sereno. No me importan los insultos; toda la vida aguantándolos, me ha inmunizado. Lo que me duele en el alma, es que humilléis al conjunto de la sociedad, ocultando unos hechos que afectan a su seguridad. ¿Qué clase de Seguridad Nacional tenemos, que ni se molestan en verificar mi versión? ¿Qué clase de prensa se erige en juez, sin siquiera contrastar antes la información? 

Tenéis una percepción del peligro: desactualizada, ñoña, retrógrada. Llevo toda mi vida investigando las claves psicológicas del comportamiento humano en situaciones límite, para intentar comprender nuestro intrincado entendimiento. Mi control mental es mi mejor aval. Por ello, afirmo taxativamente, estoy cualificado para sentenciar que la clave del éxito, está en prever qué ha de suceder. Por eso, nunca he sufrido ningún percance en mis increíbles performances. 

Os confieso, que estoy conmocionado ante la indiferencia que provoca mi planteamiento. Pero no por mi ego o por lo que repercuta en mi carrera, eso no me perturba; sino porque constato lo ciega y enferma que está esta sociedad. Si sospecháis que busco publicidad, os reto a no usar mi nombre. Ojalá, nunca llegue el día en el que tengáis que darme la razón.

En mi conectoma, el concepto fracaso no existe. Tal vez, deba tomarme lo sucedido como un desafío, como una explícita invitación a poner en jaque la Seguridad. Con un único propósito: demostrar que debe reestructurar e innovar su filosofía y su gestión del peligro. Entonces, seguro que las preclaras mentes de nuestros gobernantes e informantes, se lo toman en serio. Y... recordad, queridos amigos, puesto que mi credibilidad es nula, no debéis tomar esto como una amenaza o algo negativo. Entendedlo simplemente, como un llamamiento desesperado a la cordura. 

¡¡ P R E V E R ¡¡

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